que dejó mi espíritu inquieto
del parque los chavalines,
ingenuos cual querubines,
espiaban tras el muro
con asaz deseo oscuro
de las niñas el vestuario.
Me explico ahora el motivo
de las miradas a Alicia
con tan pícara malicia.
A la tímida Mercedes...
¿qué le vieron tras la paredes?
A la del Castillo Aguas
¿vieronle hasta las enaguas?
No se libró Almudena
de esta fisgona escena...
y Mayte fue el dulce objeto
de algún incómodo aprieto.
Ansiosos unos contra otros
luchando cual salvajes potros
por echar una ojeada
por la pared horadada.
¡Oh traidor agujero,
de la imaginación vivero,
de pensamientos impuros
y de deseos oscuros!
Mas todos los caballeros
negaron... ¡oh qué troleros!
ver nada por el agujero.