pues doquiera ven tumores!
El pobre Miguel delira,
y no es ninguna mentira,
pues vaga por la oficina
buscando en alguna vitrina
fotos amedrentadoras
que enseña a las correctoras.
¡Oh pobres maquetadores,
pues doquiera ven tumores!
José Antonio, trastornado,
créese médico afamado,
y dice curar toda dolencia
con ayuda de la ciencia:
un sorbito de amikacina
y una gota de adriamicina.
¡Oh pobres maquetadores,
pues doquiera ven tumores!
Mas en un gesto de cordura,
dejando atrás su chifladura,
dicen ambos al compás:
Qué ganas de vacaciones...
¡estoy hasta los cojones!