jueves, 28 de marzo de 2013

El lamento de las minúsculas

¡Oh desdichadas minúsculas!
Andan tristes y abatidas
en el teclado calladas
todas las letras menudas
esperando pacienzudas
la caricia de tus dedos
para contar tus enredos.

¿Por qué nos abandonaste,
por qué sin piedad al traste
diste con nuestra existencia?
¿No te pesa la conciencia?

A perros y gatos defiendes,
mas a nosotras no atiendes;
soñamos con que tus ojos
nos miren ya sin enojos.

Mas... ¡Oh, torpeza la mía!
Tan gran crueldad no es posible,
de mi amiga inconcebible...

¿Tal vez sea la presbicia,
mi querida amiga Alicia?


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