En esta ocasión, y ante la tremenda sinceridad del protagonista del cumpleaños (totalmente calvo, por cierto), el regalo es el propio poema...
¿un relato de Astérix el galo,
o un evangelio escrito en tagalo?
Al fin unos vaqueros hallé,
tejidos de fino macramé.
Mas tu respuesta presto adiviné:
"¿Qué demonios es esto...? ¡Cojones!
¡Vaya una mierda de pantalones!"
De modo que sensata pensé:
"Mi nombre por nada arriesgaré"
y estos versos presta pergeñé
para huir del terrible puntapié.
Ahí va mi regalo más preciado
a modo de lindo pareado:
"Por fin de tus ojos veo el brillo
pues segaste tu largo flequillo".
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